La porno casera


El Güigüi era un joven introvertido, medio paranoico y de costumbres cuestionables.

Sin embargo no encontraremos a El Güigüi con un saco recogiendo latas ni con un pote de pega intoxicándose. No es sino a través del testimonio de algunos conocidos, que penosamente conocieron una pequeña porción de su vida íntima, por lo cual lo hemos hecho merecedor al título de freak involuntario.

Todo sucedió cuando los mencionados conocidos, revisaban unas películas en VHS para un trabajo universitario en el apartamento de El Güigüi.

Después de haber visto todo el material, El Güigüi sacó una cinta de su mesita de noche con la que esperaba congraciarse con los demás. Con esto sólo lograría horrorizar a los espectadores.

La película que El Güigüi infatuadamente puso a reproducir, se trataba de la grabación que éste hizo mientras sostenía con una mano una revista pornográfica y con la otra una cámara de video.

La cámara mostraba las fotos de los cuerpos desnudos de la revista y el movimiento de acercamiento y alejamiento que El Güigüi hacia sobre la revista.

Aquella pseudo película porno marginalmente realizada, mostraba las páginas de la revista manchadas por cierta sustancia pegajosa y lo más grotesco de todo, un repugnante jadeo emitido por El Güigüi tratando de aparentar que se trataba de mujeres de verdad y no de fotos.

Horrorizados al ver estas imágenes los conocidos de El Güigüi decidieron interrumpir la reunión y muy deprimidos abandonaron el apartamento.

Largas fueron las sesiones de psicoterapia, pero todavía hoy, algunos de los presentes escuchan y recuerdan de mala manera, los monstruosos jadeos emitidos por El Güigüi en lo que él mismo denomino como su porno casera.

Solo nos resta decir que he aquí otro ejemplo de una desbocada creatividad mal encaminada…

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